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Las cifras son contundentes y generan una aparente contradicción: hasta el 11 de marzo pasado, el sector tecnológico global había eliminado 45.363 empleos según datos de RationalFX.com, con más de 30.000 de esos despidos concentrados en Estados Unidos. Lo paradójico es que muchas de estas empresas tecnológicas que están recortando personal simultáneamente reportan sólidos resultados financieros y crecimiento en ingresos. Salesforce (1.000 despidos), Atlassian (1.600), Ericsson (planeando cerca de 1.600 recortes en Suecia), Oracle (considerando entre 20.000 y 30.000 según análisis de TD Cowen), y Amazon con su unidad AWS preparándose para otra ronda tras los 16.000 despidos confirmados en enero por su directora de RRHH Beth Galleti, son solo algunos ejemplos de esta tendencia que parece desafiar la lógica económica tradicional.

La explicación más inmediata que surge al analizar esta ola de despidos apunta al rápido desarrollo de la inteligencia artificial y la automatización. Sin embargo, según Alberto Bellé, analista principal de Foundry España, "la relación entre IA y despidos se está planteando de forma algo simplista: más IA es igual a más productividad, y por tanto a menos empleados. Esa idea contiene una parte de verdad, pero me parece insuficiente". Bellé argumenta que la IA no impacta primero sobre las plantillas, sino sobre las tareas, los procesos y las actividades, especialmente aquellas de naturaleza intelectual como acelerar código, revisar documentos, clasificar incidencias o generar borradores en minutos.
"El primer cambio, por tanto, no es 'sobran personas', sino 'qué trabajo hace falta y cuánto valor aporta'", explica Bellé. Este matiz es crucial porque una cosa es que una tarea requiera menos tiempo, y otra distinta es lo que decida cada empresa hacer con esa ganancia de eficiencia. Las organizaciones pueden optar por reasignar talento, rediseñar funciones, o efectivamente recortar. "Por eso, hablar demasiado pronto de empleo confunde el análisis", puntualiza el experto.
Bellé identifica una paradoja fundamental en este proceso: mientras la IA puede reducir parte del trabajo junior, los seniors que mañana deberán supervisarla son precisamente los juniors de hoy. "Si esos recorridos desaparecen sin una alternativa clara, la empresa corre el riesgo de ahorrar en el corto plazo y comprometer el talento futuro", sostiene. En el caso específico de las empresas tecnológicas, el impacto es más directo que en otros sectores porque "la IA impacta en el centro del negocio, toca producto, software, servicios y operaciones de conocimiento".
Un factor que Bellé considera clave es la velocidad del cambio: "La IA está avanzando más rápido a la hora de reducir carga de trabajo que a la hora de crear nuevas funciones. Por eso es más fácil automatizar parte del soporte o del desarrollo que reconvertir rápidamente a esos equipos. Ahí está una de las razones de fondo por las que esta transición genera tanta tensión". Esta dinámica se conecta directamente con lo que hemos analizado en nuestro artículo sobre la transformación silenciosa del empleo tecnológico, donde exploramos cómo la eficiencia está redefiniendo roles más allá de los simples ajustes de plantilla.

Fernando Maldonado, también analista principal de Foundry España, ofrece una perspectiva más estructurada al identificar tres mecanismos que están actuando simultáneamente. "Primero, las grandes tecnológicas están reasignando capital hacia la infraestructura de inteligencia artificial, como centros de datos o chips, y eso obliga a cerrar unidades completas o reducir estructuras para liberar recursos", explica. Este realineamiento estratégico hacia la infraestructura de IA representa una redistribución masiva de inversiones dentro del sector.
"Segundo, la inteligencia artificial ya está sustituyendo tareas concretas, especialmente en funciones operativas como soporte o atención al cliente, donde el retorno de la inversión pasa directamente por reducir personas. La introducción de agentes de IA en contact centers es probablemente el ejemplo más claro", añade Maldonado. Este fenómeno se relaciona directamente con las tendencias que hemos documentado en nuestra guía técnica sobre automatización de procesos empresariales, donde analizamos cómo herramientas como n8n están transformando operaciones empresariales.
"Y tercero, hay un efecto más silencioso pero igual de importante: el aumento de productividad. Las empresas pueden hacer más con menos, lo que no siempre destruye empleo de forma inmediata, pero sí frena la contratación futura. De momento, este efecto se está notando más en perfiles junior", concluye Maldonado. En conjunto, "no estamos ante un ajuste puntual, sino ante una reconfiguración más profunda del modelo de empleo en el sector tecnológico".
Óscar García, director sénior de Servicios de Selección de Personal Fijo en el sector tecnológico en Hays, profundiza en esta idea: "Más que un ajuste puntual, estamos hablando de un cambio de modelo. La IA está impulsando la reducción de roles centrados en tareas repetitivas o predecibles, pero también está transformando el contenido de muchos puestos. Es decir, no sólo desaparecen funciones, sino que otras evolucionan".
García observa una mayor incidencia en perfiles vinculados a funciones altamente automatizables o fácilmente replicables dentro de la organización. "Por ejemplo, áreas como soporte, marketing más operativo o estandarizado y ciertos perfiles de desarrollo de software no estratégico o poco escalable. Al final, son funciones donde la tecnología (especialmente la automatización y la inteligencia artificial) ya permite mantener buenos niveles de productividad con equipos más reducidos". Esta evolución conecta con los desafíos estratégicos que hemos analizado en nuestro artículo sobre agentes de código vs CI/CD, donde examinamos cómo la automatización está redefiniendo los flujos de trabajo de desarrollo.
Además, García señala que "también se están ajustando posiciones de middle management, sobre todo en compañías donde se habían generado varias capas intermedias durante etapas de fuerte crecimiento". Esto refleja una aceleración de la simplificación organizacional que se traduce en estructuras más planas y ágiles.

García contextualiza esta transformación dentro de un ciclo económico específico: "Durante la pandemia, muchas compañías tecnológicas experimentaron un crecimiento excepcional que llevó a procesos de contratación muy acelerados, en algunos casos sobredimensionando sus estructuras. Lo que estamos viendo ahora es, en parte, una corrección de ese exceso... pero no sólo eso. Coincide además con un cambio de ciclo, marcado por la irrupción de la inteligencia artificial y la necesidad de operar de forma más eficiente".
Este cambio de ciclo implica adoptar un "enfoque muy claro" basado en "maximizar la productividad, con estructuras más eficientes". Las empresas están implementando varias líneas de actuación consistentes: "una apuesta decidida por la inteligencia artificial, tanto en producto como en procesos internos; una mayor disciplina en costes, priorizando inversiones con retorno claro; una reorganización interna hacia estructuras más planas y ágiles; y una reinversión en infraestructuras tecnológicas, especialmente en datos y capacidad de computación".
"Y algo importante: no todo pasa por reducir. Muchas compañías están apostando por reconvertir talento, invirtiendo en reskilling y upskilling de sus equipos", destaca García. Esta perspectiva se alinea con lo que hemos observado en nuestro análisis sobre las estrategias de monetización de asistentes de IA, donde examinamos cómo las empresas están redefiniendo sus modelos de negocio en torno a estas tecnologías.
Volviendo a la perspectiva de Alberto Bellé, el analista de Foundry España enfatiza que "los anuncios de despidos que estamos observando no hay que atribuirlos únicamente a la IA; son una decisión empresarial mediada por rentabilidad, competencia y capacidad de adaptación. No responde igual una empresa bajo presión financiera de corto plazo que otra con margen para invertir en transición".
Bellé añade un factor externo crucial: "la presión no viene sólo de dentro: también viene de startups nativas en IA, mucho más ligeras y ágiles". Esta competencia disruptiva fuerza a las empresas establecidas a adaptarse rápidamente o arriesgarse a perder relevancia en el mercado.
"La cuestión de fondo no es sólo cuántas personas hacen falta, sino qué parte del valor humano sigue siendo diferencial. Esta reflexión no es inmediata y aplica a todas las organizaciones", concluye Bellé. Esta pregunta fundamental resuena con lo que hemos explorado en nuestro caso de éxito sobre automatización inteligente en oficinas, donde demostramos cómo la tecnología puede aumentar el valor humano en lugar de simplemente reemplazarlo.
En definitiva, lo que estamos presenciando no es simplemente una ola de despidos, sino la manifestación visible de una reconfiguración estructural profunda del sector tecnológico. Las empresas están navegando simultáneamente la corrección de excesos de la era pandémica, la presión competitiva de nuevas startups nativas en IA, y la necesidad fundamental de redefinir qué valor humano sigue siendo diferencial en un contexto donde la automatización y la inteligencia artificial están transformando radicalmente lo que significa trabajar en tecnología.
Fuente original: RationalFX. Análisis y adaptación por ForgeNEX.