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La física cuántica, que comenzó como una hipótesis revolucionaria de Max Planck a finales del siglo XIX, ha dado forma a tecnologías que usamos a diario: transistores, microchips, láseres o resonancias magnéticas. Ahora, inmersos en la llamada segunda revolución cuántica, el foco está en las comunicaciones cuánticas, la metrología ultraprecisa, los sensores avanzados y, por supuesto, la computación cuántica. Para entender su verdadero impacto, hemos conversado con Sonia Fernández-Vidal, doctora en Óptica e Información Cuántica y una de las mayores expertas en España, con experiencia en el CERN, Los Álamos y el Instituto de Ciencias Fotónicas.

La entrevista, realizada a las puertas de la exposición 'Revolución cuántica' en el Espacio Fundación Telefónica, aborda desde los fundamentos de la computación cuántica hasta sus implicaciones geopolíticas. Fernández-Vidal, también divulgadora y autora de la saga 'La Puerta de los Tres Cerrojos', insiste en que la clave no es la velocidad, sino la diferencia fundamental entre ambos paradigmas.
“A veces pensamos que un ordenador cuántico va a ser muchísimo más rápido y potente que uno clásico, pero esto no es así”, aclara la experta. Mientras que un ordenador clásico trabaja con bits (0 o 1), el cuántico usa cúbits, que pueden ser 0 y 1 simultáneamente gracias a la superposición. Además, explota el entrelazamiento cuántico, ese fenómeno que Einstein describió como “acción fantasmal a distancia”. La computación cuántica no es una evolución de la clásica, sino una tecnología completamente distinta, como lo son las señales de humo frente al teléfono.
Por eso, Fernández-Vidal no cree que la cuántica sustituya a la clásica. “Mi hipótesis del futuro es que se use una combinación de ambas, conectándonos a la nube cuando necesitemos un algoritmo cuántico”. Este enfoque híbrido ya se explora en entornos empresariales, y es clave para entender cómo las organizaciones pueden prepararse sin caer en decisiones precipitadas.
Los primeros frutos de la segunda revolución cuántica ya se ven en sensores ultraprecisos para exploración de subsuelos (gas, petróleo) y en medicina, donde pueden detectar células tumorales con mayor antelación. En comunicaciones, la criptografía cuántica avanza para proteger sistemas frente a futuros ordenadores cuánticos que podrían romper la encriptación actual. Los bancos ya trabajan en estas soluciones, y startups como Qilimanjaro en España desarrollan chips cuánticos.

En el ámbito de la inteligencia artificial, la combinación con cuántica promete avances en machine learning, aunque el hardware aún no está listo. Como señala Fernández-Vidal, “aplicar algoritmos de machine learning a la computación cuántica va a ser muy atractivo, pero todavía no tenemos los ordenadores físicos para ejecutarlos”. Este cóctel entre IA y cuántica, que algunos llaman explosivo, es en realidad una oportunidad si se gestiona con prudencia.
La carrera por el ordenador cuántico recuerda a la espacial de los años 70, pero con implicaciones más profundas. “Ser el primero en tener un ordenador cuántico operativo supone contar con unas ventajas geopolíticas extraordinarias”, advierte Fernández-Vidal. No solo permitiría desencriptar información del contrario, sino que aceleraría avances en medicina, materiales y defensa. Estados Unidos y China lideran, mientras Europa, aunque con centros punteros como el Instituto de Ciencias Fotónicas o el Barcelona Supercomputing Center, adolece de inversión.
La experta alerta del error estratégico de repetir lo ocurrido con los chips: “Dejamos de producirlos pensando que sería más barato, y ahora vemos las consecuencias. Europa debe apostar por desarrollar estas tecnologías en casa”. Los proyectos Quantum Flagship de la UE buscan precisamente eso: no quedar rezagados en una carrera que definirá el equilibrio de poder del siglo XXI.
Para los directivos y profesionales de TI, Fernández-Vidal recomienda empezar a trabajar en encriptación cuántica y simulación de riesgos, como ya hacen los bancos. Pero también pide prudencia: “No hay todavía ningún ordenador cuántico funcional. No sabemos hasta qué punto nos vamos a encontrar límites”. Lo mismo aplica a la IA, que ve como un “traje de Ironman” que multiplica capacidades humanas, pero no las sustituye.
En cuanto al empleo, la experta cree que físicos y matemáticos serán los perfiles más demandados, y que las universidades lanzarán ingenierías cuánticas. Pero advierte que la humanidad ya ha superado revoluciones como la industrialización; el cambio será disruptivo, pero no apocalíptico.

Fernández-Vidal insiste en que la divulgación no es un lujo, sino una responsabilidad. “Hablar de tecnologías cuánticas no es ciencia ficción, sino política del siglo XXI”. Cita a Carl Sagan para recordar que una sociedad que depende de tecnologías avanzadas pero las ignora está en riesgo. Por eso, su labor con libros y exposiciones busca “despertar la llama del interés” en niños y adultos.
Para los líderes políticos, el mensaje es claro: “La investigación no es un interruptor. Los recortes tienen consecuencias. Invertir en I+D hace a los países más ricos, no al revés”. En un mundo donde la computación cuántica y la IA se entrelazan, la preparación y la educación son las mejores armas para no quedar relegados.
Si quieres profundizar en cómo estas tecnologías están transformando el día a día de los profesionales IT, te recomendamos leer nuestros análisis sobre OpenAI Codex vs Claude Code y Yugabyte Meko, así como las implicaciones para SysAdmins y DevOps en Anthropic y los agentes que sueñan.
Fuente original: ComputerWorld. Análisis y adaptación por ForgeNEX.