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La física cuántica, esa disciplina que a principios del siglo XX revolucionó nuestra comprensión del universo con figuras como Planck, Einstein y Heisenberg, no solo nos dio los transistores y los microchips que sustentan la informática actual. Ahora, inmersos en la llamada segunda revolución cuántica, promete transformar las telecomunicaciones, la criptografía y la computación. Para entender el impacto real de estas tecnologías, hemos conversado con Sonia Fernández‑Vidal, doctora en Óptica e Información Cuántica y una de las voces más autorizadas en España, quien nos ofrece una visión clara y alejada del hype.

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Fernández‑Vidal, que ha trabajado en el CERN, Los Álamos y el Instituto de Ciencias Fotónicas, arranca con una advertencia: “Hay mucho hype y noticias sensacionalistas”. Pero, a la vez, reconoce que los avances han superado las expectativas de hace dos décadas. “Se está yendo más rápido de lo esperado”. La clave está en entender que la computación cuántica no es una versión mejorada de la clásica, sino una tecnología radicalmente diferente.
Mientras un ordenador clásico trabaja con bits (0 o 1), el cuántico usa cúbits, que pueden ser 0 y 1 simultáneamente gracias a la superposición cuántica. “Utilizamos fenómenos como el del gato de Schrödinger, que está vivo y muerto a la vez”, explica. Además, el entrelazamiento cuántico —ese fenómeno que Einstein llamó “acción fantasmal a distancia”— permite que dos partículas separadas por el universo se afecten instantáneamente. “Hemos conseguido manipular átomos individualmente y reproducir estos estados en laboratorio”, afirma.
Sin embargo, la experta es tajante: “No creo que la computación cuántica sustituya a la clásica. Son tecnologías completamente distintas, como la comunicación por señales de humo y el teléfono”. Su visión de futuro apunta a un modelo híbrido: “Probablemente se use una combinación, conectándonos a la nube cuando sea necesario ejecutar un algoritmo cuántico”.
Las aplicaciones prácticas ya empiezan a vislumbrarse. En metrología y sensores cuánticos, por ejemplo, se están utilizando para explorar subsuelos en busca de gas o petróleo con una precisión sin precedentes. En medicina, estos sensores podrían detectar células tumorales de forma más temprana. “Esto mejorará el diagnóstico y el tratamiento”, señala Fernández‑Vidal.
En comunicaciones, el internet cuántico y la criptografía cuántica avanzan para proteger la información frente a futuros ordenadores cuánticos que podrían romper los sistemas de encriptación actuales. “Los bancos ya están trabajando en estas soluciones”, comenta. Y, por supuesto, la simulación de materiales a nivel atómico —algo imposible hasta ahora— abrirá la puerta a nuevos medicamentos y aleaciones.
Pero la carrera no es solo tecnológica, sino también geopolítica. “Estados Unidos y China lideran, como en la carrera espacial de los 70”, compara. “Europa no está en el podio, pero desarrolla proyectos gracias a Horizon”. El riesgo de que un país tenga un ordenador cuántico operativo es enorme: “Podrá desencriptar la información del contrario y tendrá una ventaja tecnológica exponencial”.

La combinación de inteligencia artificial y computación cuántica es uno de los temas más candentes. Fernández‑Vidal lo describe como “un arma de doble filo”. “Aplicar algoritmos de machine learning a la computación cuántica será muy atractivo, pero aún no tenemos el hardware para ejecutarlos”, aclara. No obstante, ya se empieza a trabajar en esos algoritmos.
Para los profesionales de TI, la recomendación es clara: “Es bueno que empiecen a trabajar en encriptación cuántica y en optimización de procesos, como ya hacen los bancos. Pero con prudencia, sin decisiones precipitadas”. Recuerda que “no hay todavía ningún ordenador cuántico funcional” y que los plazos más optimistas hablan de cinco años, los pesimistas de diez.
En este contexto, la automatización de procesos empresariales con n8n e IA ya está marcando la pauta de la eficiencia, y la cuántica podría acelerarla aún más. Pero Fernández‑Vidal insiste en que “la IA no sustituirá a los analistas, sino que los potenciará, como un traje de Ironman”.
La investigadora alerta sobre el riesgo de repetir errores históricos. “Dejamos de producir chips en Europa pensando que sería más barato en otros sitios, y fue un error estratégico”. Ahora, con los proyectos Quantum Flagship de la UE, se intenta no quedar últimos en esta carrera. En España, centros como el Instituto de Ciencias Fotónicas y el Barcelona Supercomputing Center son referentes, pero la inversión sigue siendo muy inferior a la de Estados Unidos y China.
“La investigación no es un interruptor que se apaga y enciende. Los recortes tienen consecuencias”, advierte. Y lanza un mensaje a los políticos: “Los países más ricos no son los que invierten en I+D, sino que invertir en I+D hace que los países sean más ricos”.
Para los directivos de TI, Fernández‑Vidal recomienda “estar bien informados y no volverse locos”. La Ley de IA en la UE ya está dando plazos extendidos para adaptarse, y algo similar podría ocurrir con la cuántica. “Hay que entender bien qué puede hacer la tecnología y qué no”, insiste.
La divulgación es clave. “Como ciudadanos, tenemos el derecho y el deber de informarnos para tomar decisiones informadas”, concluye. Y recuerda que “la ciencia es una espada de doble filo”, con un enorme poder para el bien y para el mal.

La entrevista se realizó con motivo de la exposición ‘Revolución cuántica’ en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid, donde Fernández‑Vidal actúa como comisaria. La muestra combina arte y ciencia para acercar la física cuántica al público general, una labor que la científica ya realiza a través de sus libros de divulgación, como La Puerta de los Tres Cerrojos.
En definitiva, la computación cuántica no reemplazará a la clásica, pero su fusión con la IA y otras tecnologías redefinirá el panorama empresarial. La clave estará en la preparación, la inversión y la prudencia. Como dice Fernández‑Vidal: “La tecnología es un siervo útil, pero un amo peligroso”.
Fuente original: ComputerWorld. Análisis y adaptación por ForgeNEX.