Apagón masivo en España: ¿están las empresas realmente preparadas para el próximo colapso digital?

Apagón masivo en España: ¿están las empresas realmente preparadas para el próximo colapso digital?

  • 30/abr./2026
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  • IA

Hace un año, el 28 de abril de 2025, España, Portugal y parte del sur de Francia vivieron un apagón eléctrico histórico. Durante horas, la falta de suministro dejó a millones de personas sin electricidad, sin conectividad y, en muchos casos, sin planes de contingencia. Las imágenes de supermercados cerrando mientras otros resistían con generadores de emergencia se convirtieron en el símbolo de una brecha de preparación que, según los expertos, aún no se ha cerrado del todo.

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La fragilidad de la hiperconectividad

El apagón puso de manifiesto nuestra dependencia casi total de la tecnología. “En mi opinión no había ningún plan de contingencia previsto para un caso como este porque nunca se pensó que pudiera ocurrir”, señala Jorge Díaz García-Herrera, profesor de Ingeniería Informática en la UNIR. “Es cierto que funcionaron los planes de continuidad individuales de algunas empresas y administraciones, pero un plan general debería haber dispuesto medidas para que todos los servicios pudieran seguir operando”.

El coste económico estimado osciló entre 1.000 y 4.500 millones de euros, pero el verdadero impacto fue la evidencia de que la resiliencia ya no es un lujo, sino una necesidad estratégica. Las empresas que lograron mantener operaciones fueron aquellas que habían invertido en sistemas de respaldo y redundancia, como los centros de datos de AWS, diseñados “desde el minuto uno con la resiliencia como prioridad fundamental”, según declaraciones de Amazon.

Lecciones desde las trincheras tecnológicas

Telefónica, por ejemplo, logró mantener su red operativa más tiempo que la mayoría gracias a una infraestructura robusta y un plan de emergencias activo. Clara Casas, directora de Soporte de Red y Servicios de Telefónica España, explica: “La red no estaba diseñada para un apagón eléctrico generalizado y prolongado, pero contaba con mecanismos de redundancia y autonomía que permitieron aguantar más que otros”. Sin embargo, reconoce que el evento impulsó un salto cualitativo: “El principal aprendizaje fue que debíamos considerar escenarios mucho más extremos”.

Tras el apagón, Telefónica reforzó su mantenimiento preventivo y aumentó la autonomía energética de su red. “En un hipotético nuevo apagón, la red resistiría mejor”, asegura Casas, aunque advierte que “en apagones eléctricos generalizados siempre existen límites técnicos”.

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El cisne negro que no debería sorprendernos

El apagón fue un cisne negro: un evento de baja probabilidad pero impacto devastador. “Si bien la probabilidad de que ocurran es muy baja, el impacto es tan elevado que las pérdidas son inasumibles”, afirma Díaz García-Herrera. La pandemia ya fue una advertencia, pero muchos no la tomaron en serio. “¿Qué habría pasado si el apagón hubiese durado 48 o 72 horas?”, cuestiona el profesor.

Fernando Suárez, presidente del Colexio de Enxeñaría en Informática de Galicia y del Consejo General de Ingeniería Informática, subraya que “nos falta mucho para poder ser resilientes”. La clave está en la capacidad de adaptación: “No vas a poder probar todas las posibles situaciones de emergencia, pero una buena estrategia previa ayuda a ajustar las cosas y seguir operando”.

Geopolítica y soberanía digital: el nuevo tablero

El contexto geopolítico actual añade otra capa de complejidad. “La gran dependencia la tenemos en el talento”, señala Suárez. “Necesitas tener equipos locales, capacidades y conocimientos propios”. La soberanía digital es fundamental para garantizar la continuidad en un entorno incierto. Sin embargo, desde el ámbito académico se percibe que no se ha aprovechado la oportunidad. “No hemos aprendido que la tecnología puede fallar cuando más dependemos de ella y la resiliencia no es algo opcional”, lamenta Suárez.

Díaz García-Herrera es aún más crítico: “No he visto grandes cambios en las estrategias de prevención y recuperación. Al contrario, la contratación de medidas extraordinarias parece haber disminuido”.

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¿Qué pueden hacer las empresas hoy?

La resiliencia no es solo técnica, sino estratégica. Las compañías deben integrar la continuidad del negocio en su ADN, con planes que abarquen desde la redundancia de infraestructura hasta la formación de equipos. El regreso de la nube privada es una tendencia que gana fuerza, precisamente por la necesidad de control y autonomía. También es clave explorar arquitecturas de agentes de IA que permitan automatizar respuestas ante crisis.

Casos como el de transformación digital en logística muestran que la preparación no solo mitiga riesgos, sino que puede ser una ventaja competitiva. Incluso en el ámbito de la analítica, soluciones como SAS Viya MCP Server están diseñadas para operar en entornos adversos.

La lección del apagón es clara: la resiliencia no es opcional. Como dice Casas, “invertir en resiliencia no siempre se nota en el día a día, pero marca la diferencia cuando ocurre algo extraordinario”. Las empresas que no aprendan esta lección podrían quedarse a oscuras cuando llegue la próxima crisis.


Fuente original: ComputerWorld. Análisis y adaptación por ForgeNEX.

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