El renacer nuclear impulsado por los centros de datos: ¿una solución energética para la IA?

El renacer nuclear impulsado por los centros de datos: ¿una solución energética para la IA?

Hubo un momento en el que todo lo nuclear estaba de moda. Era la llamada “era atómica” en los años 50, cuando la energía nuclear se veía como la gran promesa de futuro. Fue un período que dejó paso al desencanto. Los accidentes nucleares (especialmente el de Chernóbil), la capacidad de movilización de las organizaciones ecologistas y la existencia de fuentes de energía más baratas (y más seguras) hicieron que todo lo nuclear perdiese brillo. Hasta ahora. La energía nuclear está viviendo un revival, uno que viene alentado por la industria tecnológica y, de forma particular, por las necesidades energéticas de los centros de datos y del desarrollo de la inteligencia artificial.

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Un complejo contexto eléctrico

Las necesidades de energía de los centros de datos son inmensas. La digitalización de la sociedad ha aumentado su importancia, pero sobre todo la IA ha disparado la necesidad de computación. Para que los data centers funcionen se necesita electricidad, tanto que en algunas zonas se han convertido en un lastre para la red eléctrica y en otras se han afianzado como uno de los principales consumidores de electricidad del país. Estas elevadas cifras son, aun así, solo una muestra de lo que se espera, puesto que el crecimiento de la IA llevará a que su consumo de electricidad se dispare todavía más.

Una investigación de Barclays Research concluye que solo en Estados Unidos se triplicará el consumo de energía de los centros de datos hacia 2030, mientras que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que la mitad del crecimiento de la demanda energética que registrarán algunos países antes de esa misma fecha vendrá de los centros de datos. En 2035, los data centers consumirán tanta electricidad como la que ahora mismo gastan de forma conjunta las economías avanzadas. Todo ello ha hecho que la electricidad se haya convertido en un problema acuciante para la industria tecnológica, que ha empezado a buscar fuentes alternativas (por ejemplo, mandando los centros de datos al espacio) o vías para multiplicar la producción eléctrica actual.

Es en ese contexto en el que hace un par de años empezó a coger fuerza la energía nuclear. A cierre de 2024, Microsoft, Google o Amazon estaban cerrando o valorando acuerdos en Estados Unidos para apoyar start-ups nucleares, como Kairos Power, o para reabrir plantas nucleares cerradas y autogenerar electricidad. Entonces, un análisis de GlobalData confirmaba que estos movimientos habían despertado “interés” en la industria. Otro de Capgmeni lo incluía como uno de los temas candentes tech para 2025 y señalaba que “la energía nuclear está resurgiendo en lo más alto de la agenda empresarial”. En el arranque de 2026, Amazon, Microsoft, Meta o Alphabet tienen ya proyectos nucleares conectados con sus centros de datos y han conseguido que los hiperescalares se conviertan en el gran impulso para el revival de la energía nuclear.

¿Se ha disparado el interés? “Sin duda alguna”, responde a COMPUTERWORLD Milena Roveda, CEO de Gauss Fusión y presidenta de la Asociación Europe de Fusión. “La sociedad y la economía se enfrentan a un futuro más conectado, con una economía basada en la IA y profundamente digitalizada”, señala. “Para los próximos años la demanda energética de los centros de datos europeos pasará de 10 GW en 2023 a 35 GW en 2030. Y, de mantenerse esta tendencia, el consumo eléctrico en el continente podría dispararse entre un 25% y un 75% de aquí a 2050”, explica.

Mientras esto ocurre, y en paralelo, los centros de datos y la industria TI no son los únicos que consumen electricidad. En los últimos años se ha ido hacia una sociedad más electrificada para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, lo que ha disparado la demanda y ha creado una competencia por esa electricidad que los data centers también necesitan. Al tiempo, el contexto geopolítico reciente ha añadido nuevas capas de complejidad, al poner sobre la mesa la soberanía energética y los riesgos que implica la dependencia en ese terreno de terceros países.

“La percepción sobre la energía nuclear ha cambiado mucho”, confirma Alberto Gil, vocal de la junta directiva de Jóvenes Nucleares, de la Sociedad Nuclear Española (SNE). El apagón de hace ahora casi un año ha hecho, además, que se vea a las renovables de una manera distinta. “Su problema es que vierten energía que no tiene inercia a la red”, señala este experto, que apunta que esto es también un problema para los centros de datos, que necesitan energía con inercia y constante. “Con la nuclear estás operando todo el tiempo y no tienes pérdidas energéticas de calibre”, explica.

“Hay regiones como Aragón o Madrid que se juegan mucho, ya que están atrayendo importantes inversiones de construcciones de grandes centros de datos”, añade Roveda, “por lo que la estabilidad energética es algo con lo que no se puede especular”.

Estos expertos coinciden en que sostener la demanda energética prevista y generada por la IA con los recursos actuales sería poco realista. “Para alimentar un centro de datos que requiera gigawatios, no puedes poner al lado una planta eólica o solar de ese calibre”, resume Gil. La necesidad de producción de energía obligaría a mover una cantidad de placas o molinos para los que, sintetiza este experto, “no tienes espacio”. Y suma: “la frecuencia de esta energía no es estable”. “El centro de datos no puede estar con corrientes que no sean estables”, advierte.

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¿Una nuclear diferente?

Desde la industria no se apuesta por un revival de la era atómica para dar salida a esas necesidades de consumo energético, sino que se insiste en que lo que se está haciendo ahora —o más bien hacia dónde se va— es algo nuevo. Roveda trabaja, de hecho, con la fusión, que se debe diferenciar de la fisión (la energía nuclear que el público general tiene en mente). “Las dos pertenecen al ámbito de la energía nuclear, ya que actúan sobre los átomos, pero funcionan de manera muy distinta”, explica. Simplificando, la primera une núcleos y la segunda divide. “La fusión genera cuatro veces más energía por kilogramo de combustible que la fisión y cerca de cuatro millones de veces más energía que la combustión de petróleo y de carbón”, asegura, y añade que “no produce desechos radioactivos de larga duración”. Ahora, la están sacando del laboratorio para convertirla en algo tangible. Se espere que las primeras centrales de fusión lleguen en los próximos años.

En la energía nuclear tradicional, por así decirlo, Gil explica que la industria nuclear está trabajando ya orientada a los llamados reactores de 3 y 4ª generación y que esos serán los que dominarán en este contexto. Los centros de datos se alimentarán con reactores más pequeños, que “producen menos residuos”. Son los conocidos como SMR, pequeños reactores modulares, y a los que, según estimaciones de la AIE, está conectado el boom nuclear de los centros de datos sobre todo a los conocidos como según las estimaciones de la AIE. Igualmente, la tendencia entre las grandes tech es la de apostar por los propios; esto es, minicentrales que les darán servicio directo a sus propios data centers.

Este último punto es importante, porque una de las cuestiones más invisibles del crecimiento global de la electricidad (sea del origen que sea) está en la propia infraestructura de la red eléctrica, todos esos cables y postes que llevan la energía de punto a punto. Es poco sexy y, sin embargo, fundamental para que las cosas fluyan. Uno de los puntos de debate de estos últimos años es si la infraestructura eléctrica estará a la altura del pico de demanda de la electrificación. Pero, si los reactores son propios para las propias empresas, todo esto “no les afecta”, como explica Gil. La energía llega directamente al centro de datos, que se mantiene al margen de la red eléctrica y no depende de ella. “En Europa, lo veo más complicado por el modelo [imperante]”, apunta el experto, que señala que esto es, sin embargo, hacia lo que se están orientando las empresas tecnológicas en Estados Unidos.

Aunque, por supuesto, esto abre nuevas potenciales preguntas, como las de si, al final, se confía o no lo suficiente en una empresa tecnológica como para que gestione los complicados residuos que genera una central nuclear.

Retos nucleares

Desde el sector de la energía nuclear insisten en que las centrales son seguras, que lo son cada vez más y que lo que debe pasar con sus residuos está altamente regulado. Gil explica, además, que las nuevas generaciones de centrales están trabajando para generar menos residuos o, incluso, que estos se puedan aprovechar como combustible para otras centrales más antiguas. Una empresa francesa, cuenta, está hasta trabajando para darle salida para usos médicos. Sin embargo, la cuestión de los residuos nucleares (que tienen una vida tan larga que escapa casi a la imaginación humana) es uno de los retos de este revival.

De hecho, las voces críticas no compran estos argumentos, ni tampoco ven a la energía nuclear como una alternativa verde. Lo es a ojos de la Unión Europea, que la ha incluido en su listado sostenible, pero las organizaciones ecologistas consideran que, aunque no emita CO2, es contaminante, tanto por sus residuos como por la huella de la construcción y explotación de las centrales. También insisten en que, a pesar de todo lo que se dice, la energía nuclear sigue sin ser rentable económicamente. Por tanto, se estaría haciendo una inversión ecológicamente arriesgada en algo que todavía no es eficiente en términos económicos.

En el caso concreto de la IA, cuestionar el uso de la energía nuclear va en paralelo a cuestionar el propio modelo de desarrollo de la inteligencia artificial a niveles éticos.

Y, por mucho cambio de percepción pública que se haya producido, la memoria colectiva tiene todavía muy presentes a Chernóbil o Fukushima. Gil explica que la de Chernóbil era una central especial, ya que tenía aplicaciones militares, y que las cosas han cambiado mucho desde entonces. La nuclear es segura, insiste. “Si tú no haces nada, la central se apaga”, ejemplifica. “Por su propia concepción, la energía de fusión no produce reacciones en cadena, es autolimitante y no genera residuos radiactivos que haya que almacenar durante miles de años”, señala por su parte Roveda, recordando que en este caso no se necesita uranio. La fusión sería, asegura, sostenible.

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El cierre del círculo

Esto lleva de vuelta a los centros de datos, porque Roveda considera que les permitiría a las empresas tecnológicas no solo responder a esa creciente demanda de energía sino hacerlo de forma verde.

En todo caso, y sea como sea, el mercado ya está viviendo movimientos en esta dirección. En Estados Unidos, se ha creado ya un universo de startups de energía nuclear, que están muy conectadas con la propia industria tecnológica. TerraPower tiene a Bill Gates como cofundador, X-Energy recibió una inversión de cientos de millones de dólares de Amazon (para la que va a construir un reactor) y Kairos Power cerró un contrato millonario con Alphabet en 2024. Todas tienen en común la promesa de crear centrales más pequeñas, más eficientes, con menos costes o que consumen menos recursos clave, como agua para enfriamiento (Kairos, por ejemplo, quiere usar sal). La prensa estadounidense habla incluso de un “optimismo” nuclear (potenciado también por el cambio de ciclo político) que va más allá de su uso conectado con los centros de datos.

El país no es el único en la carrera. China también está construyendo reactores nucleares. En Europa, Francia o Alemania ya han hecho declaraciones públicas favorables a la energía nuclear. En general, y como concede Gil, en el viejo continente todavía “son reticentes” a la nuclear. Los proyectos de la década pasada “se han ido de presupuesto, están todavía en construcción o se han alargado en los años”, pero en los últimos años se han ido realizando “proyectos interesantes” en países nórdicos u Holanda y, sobre todo, se ha empezado también a registrar el interés conectado a los centros de datos. No obstante, el nuevo contexto geopolítico y, sobre todo, las consecuencias energéticas de la guerra en Irán, está haciendo que Bruselas esté virando de nuevo hacia la energía nuclear, que ahora reconoce como una fuente segura, asequible y de bajas emisiones para asegurar la soberanía energética y la descarbonización. La propia Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, admitió recientemente que fue un “error” alejarse de la energía nuclear y ahora busca potenciar tanto esta como las renovables. De hecho, el pasado mes de marzo, la Comisión anunciaba que la UE invertirá 330 millones de euros para impulsar la energía de fusión y apoyar las tecnologías y las competencias nucleares.

Para las empresas que buscan optimizar sus operaciones digitales, entender el impacto de la energía en los centros de datos es crucial. En nuestro artículo IA y centros de datos: la paradoja de la demanda y la eficiencia que redefine el futuro digital exploramos cómo la IA está transformando el consumo energético. Además, la automatización con herramientas como n8n e IA puede ayudar a las empresas a ser más eficientes, reduciendo su huella energética. Por otro lado, la adopción de infraestructura cloud y open source, como se discute en nuestro informe 2026 de Open Source, también juega un papel en la sostenibilidad. Finalmente, la transformación digital exitosa requiere considerar estos factores energéticos desde el inicio.


Fuente original: ComputerWorld. Análisis y adaptación por ForgeNEX.

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